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¿Cual es el interés fundamental de la sociedad occidental en el siglo XXI? El dinero, sin duda.
Y cuando de dinero se trata cualquiera pagaría gustoso los honorarios de quien pudiese pronosticar los movimientos de los activos financieros.
¿Que va a suceder con el mercado de las propiedades, de las acciones, de los bonos, del dólar, de la soja?
Si pudiéramos tener una idea aproximada de donde va a caer la bolita en la ruleta de la timba financiera nos llenaríamos de oro. Y de cada necesidad nace una oferta.
La demanda es suficiente para que abunden los chantas que hacen del pronóstico bursátil y financiero una religión y tienen sus propios acólitos que pagan jugosas cifras por unos “papers” de dudoso origen y que no hacen otra cosa que funcionar como ansiolíticos. No importa si lo que ofrecen tiene “personería científica” o no, el cliente necesita quitarse la angustia de la incertidumbre.
Todos están al tanto de los eventos de la crisis subprime, sin embargo, aunque se veía venir un problema de magnitud nadie vaticinó el desquicio financiero que por estos días hace dudar sobre la continuidad del capitalismo. ¿Donde estaban esos Gurús al momento de avizorar dicha debacle?
De la misma forma nadie pudo pronosticar ni la crisis del Tequila, ni
Es verdad, existen algunos que acertaron (como se dice que hizo Nouriel Roubini con la crisis actual o George Soros con la desvalorización de
Mas aun, de alguien con el poder económico como G. Soros no resulta descabellado pensar que está haciendo lobby para su “propia quintita”, y… si sale… sale. (¡y a veces sale!).
Sin embargo el mismo Soros no la vio ni cuadrada en el resto de sus pronósticos, dos días antes del crash de 1987 dijo que el mercado no estaba sobrevalorado y no caería, lo que le costó U$S 300 millones. En 1998 perdió U$S 2 mil millones apostando a favor de la economía Rusa (que se fue al infierno) y al año siguiente predijo la que burbuja tecnológica se pincharía, su percepción del mercado estaba bien pero se había adelantado un año, entonces, cansado de esperar y pensando que la euforia duraría para siempre compró cuanta acción tecnológica pudo, pero cuando compró la última estallo la burbuja (que bolu, que bolu, ¿no?), sus vergonzantes perdidas alcanzaron los USD$3 mil millones en el año 2000. En esa instancia se pudrió y renuncio a la administración del famoso Quantum Fund que había fundado décadas atrás.
Otra situación mas descabellada aún es la proliferación de libros de autoayuda financiera con títulos ridículos como “Rich Dad, Poor Dad” (Padre Rico, Padre Pobre) de Robert Kiyosaki o “The First Billion is the Hardest” (Los Primeros Mil Millones son los mas difíciles) de T. Boone Pickens, últimamente muy publicitado en los sitios de finanzas en Internet. Estos autores son de la misma calaña que los Gurús y quieren hacernos creer que no existen límites para la bonanza monetaria siempre y cuando sigamos su método mágico.
Si alguien tuviera un método infalible para hacerse millonario o saltar la banca del Casino de Mónaco, ¿publicaría un libro en donde cuenta todo con lujo de detalles?, ¿que clase de imbécil hace eso?
Haciendo ejercicio del sentido común podemos concluir que estos señores elaboran sus productos orientados a la demanda de certezas mas arriba mencionada y que la verdadera fortuna la hacen vendiendo estas mismas publicaciones (que no son más que obviedades enlatadas) a los ingenuos.

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