Palacio Barolo: Dante, Divina Comedia, simbologías y fantasmas



Por Esteban Goldammer

La Avenida de Mayo es refugio de edificios centenarios, cargados de historia y la majestuosidad de una Argentina floreciente. Uno de ellos es el Palacio Barolo, ubicado exactamente en el 1370 de la mencionada avenida, y hacia allí nos dirigimos dispuestos a disfrutar de las visitas guiadas que promueven los descendientes de Don Luis Barolo.

Empezar el recorrido nocturno (también los hay diurnos) es una invitación a revivir el pasado y descubrir un lugar único en Buenos Aires, de esos que realmente merecen nuestra atención.

La historia empieza con Luis Barolo, inmigrante italiano que arribó al país en 1890 y se destacó en la industria textil, importando telas desde Europa y siendo el primer productor de algodón del país. El negocio próspero le permitió no sólo amasar la fortuna necesaria para embarcarse en la faraónica construcción, sino también para contratar al arquitecto Mario Palanti, con quien compartía nacionalidad, ciudad de origen (Milán), admiración por Dante Alighieri y la Divina Comedia y pertenencia a la Logia Masónica.

Después de esta breve introducción, nos enteramos de que todos los presentes nos encontrábamos en el mismísimo infierno. Sí, el edificio tiene una estructura tradicional con basamento, desarrollo y coronamiento en fiel reflejo del Infierno (planta baja), el Purgatorio (piso ) y el Paraíso del Dante (el faro).

El edificio es un cúmulo de simbologías que seguramente pasarían desapercibidas de no contar con un guía que vaya haciendo hincapié en cada una de ellas durante el recorrido.

Lámparas sostenidas por dragones masculinos y femeninos, los colores del piso en alusión a la bandera italiana y arcos que asemejan la nave central de una iglesia pero que destacan por su cantidad: nueve, exactamente la misma cantidad de pasos para convertirse en Gran Maestre dentro de la masonería y también la misma cantidad de círculos descritos en el Infierno del Dante. Y hay mucho más, porque a medida que nos adentramos en el edificio también lo hacemos en el mundo de simbologías y de perfección arquitectónica de esta polémica construcción que se concluyó en 1923 y demandó tan sólo 4 años de trabajo (era claro que no faltaba dinero para su desarrollo). Y decimos polémica porque sus 24 plantas (22 pisos y 2 subsuelos) alcanzan los 100 metros de altura (igual que los cantos del Dante), casi el cuádruple de los permitidos para la época.

Pero si en aquél entonces el Palacio Barolo sorprendía por su altura, aún hoy lo hace por su capacidad de autoabastecerse de energía en la década del ´20 e incluso por tener su gemelo en Montevideo: el Palacio Salvo.

Datos y más datos, “coincidencias” y detalles se hacen presentes en cada rincón de este edificio que cautiva y deja sin aliento, sobre todo por la dificultad que implica llegar al Paraíso (nada es casualidad). Para acceder al mismo, deben subirse un total de 6 pisos por escaleras hasta el 20, donde es posible deleitarse con magníficas vistas en 360 grados de toda la ciudad, y desde allí quedan todavía dos pisos más y una escalera que se va angostando y exige pericia además de buen estado físico. Allí el faro nos recibe y pone a prueba nuestro vértigo con su exterior vidriado. El premio para los osados es grande, único y majestuoso, como Buenos Aires.

www.palaciobarolotours.com

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