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«APENAS SOLO ERA UN FUNCIONARIO»

La abrupta salida de Manuel Adorni de la Jefatura de Gabinete marca un punto de quiebre en la administración de Javier Milei. Tras meses de sostener una retórica confrontativa y de posicionarse como el infalible escudo comunicacional del oficialismo, el desenlace expuso las limitaciones del poder individual frente al desgaste institucional. El exvocero, devenido en coordinador de ministros, descubrió que las redes sociales y el tono socarrón no bastan cuando los expedientes en Comodoro Py y las presiones en el Congreso de la Nación cierran el cerco.

 

El peso de la sospecha patrimonial
El derrumbe político de Adorni se aceleró en marzo, tras revelarse el uso irregular del avión presidencial para un viaje a Nueva York junto a su esposa. Lo que el Ejecutivo intentó minimizar como una «operación de prensa» mutó en una causa penal por presunto enriquecimiento ilícito y dádivas, a cargo del fiscal Gerardo Pollicita. Las inconsistencias en sus declaraciones juradas, la compra de propiedades de lujo y el blanqueo de un incremento patrimonial del 400% real dinamitaron la bandera de la austeridad gubernamental.
Acorralado por el Congreso
A la par del avance judicial, la oposición articuló mecanismos legislativos para forzar su salida. El detonante final fue el inminente avance de una moción de censura en el Senado, amparada en el artículo 101 de la Constitución Nacional. El respaldo explícito de figuras del PRO a la interpelación dejó al oficialismo sin los números necesarios para defenderlo en el Parlamento, convirtiendo al funcionario en un lastre político insostenible.
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