EL LADO FLACO DE LAS REDES SOCIALES: LA SEGURIDAD

Las redes sociales han permitido beneficios indiscutibles como el reencuentro de viejos amigos o compañeros de escuela, promover los contactos profesionales e incrementar y mejorar las relaciones entre la gente, pero tienen su lado flaco: la seguridad.
Según distintos estudios, el principal problema de seguridad que se presenta en las redes está íntimamente relacionado con el entusiasmo que genera en los usuarios.
“Cuando la gente descubre las posibilidades que ofrece una red social, siente una ansiedad, una especie de fiebre, por comunicarse, por tomar contacto”, dijo Cristino Varanda, investigador español sobre relación y comunicaciones en la red.
Según el profesor de la Universidad Complutense de Madrid, por esa razón "actúan como niños y sin pensarlo dos veces vuelcan sobre las páginas web un cúmulo de datos personales que después les pueden traer problemas”.
Los especialistas en redes sociales coinciden en que la seguridad total no existe, pero se puede incursionar sin demasiados problemas, dependiendo de la información que se revele y, sobre todo, a quién se le revele.
Al difundir los datos abiertamente en las redes sociales, los internautas están ignorando que existen personas mal intencionadas especializadas en obtener información con el objetivo de “secuestrar” perfiles e incluso comunidades completas.
De esa manera, el atacante puede acceder a la red social como si fuera el usuario verdadero y enviar mensajes a sus amigos, modificar el perfil (insertando, por ejemplo, un perfil con características pornográficas u otras que afecten a la víctima), robar sus comunidades o inscribirse en cualquiera que se le ocurra.
En otras palabras, esas informaciones que muchos internautas ofrecen de manera inocente pueden tener consecuencias nefastas para el usuario, en particular para su reputación y sus contactos.
De acuerdo a la experiencia acumulada desde que surgieron este tipo de redes, los cibercriminales se infiltran muy rápidamente adoptando diferentes personalidades, como la de un nuevo o antiguo "amigo", de aquellos que el internauta no ve desde hace años o de los que ni siquiera se acordaba de su existencia.
Después de crear esa falsa intimidad, el internauta podrá ser engañado fácilmente, comprando productos que no serán entregados o inclusive siendo víctima de extorsiones y secuestros express.
Los especialistas aconsejan en primer lugar no perseguirse, ser racional y sobre todo pensar en lo que se hace público y lo que se reserva para los que están reconocidos como verdaderos amigos o contactos. Partiendo de ello, recomiendan las siguientes medidas:  – Información confidencial en el perfil. Debe tenerse en cuenta que esos datos pueden servir de ayuda para cometer distintos delitos. Por ello, debe restringirse a lo mínimo imprescindible.
-Intercambio de mensajes. No hay que “mensajearse” si se ignora quién es realmente el interlocutor, para evitar que los delincuentes pueden apoderarse de los perfiles.
-Datos íntimos. Sólo si se sabe con precisión con quién se está hablando, que no se trata de un perfil usurpado, se pueden intercambiar datos personales o arreglar encuentros. Si se tienen dudas, lo mejor es recurrir al e-mail o al teléfono.
-Citas, reuniones o fiestas. En las redes son muy comunes las invitaciones generalizadas. Lo mejor es sólo aceptarlas si se trata de un lugar público.
-Datos seguros. La información como la dirección, el teléfono, el lugar de trabajo, las cuentas bancarias o el patrimonio siempre tienen que ser mantenidas en secreto.
-Enlaces seguros. Los enlaces que se reciban en la red deben provenir de personas de confianza. Si se tiene la convicción de que el “link” proviene de un perfil seguro, no usurpado, entonces se puede hacer click sobre el enlace.
En caso contrario, hay que abstenerse, dado que abrir un “link” puede dar lugar a la instalación de un “gusano” o programa utilizado, entre otras cosas, para capturar contraseñas.
Por último, los expertos más estrictos en materia de seguridad en las redes sociales recomiendan no publicar ninguna foto -ni propia, ni de parientes o amigos- en las páginas de las redes sociales, ya que pueden ser utilizadas por los impostores.
Sin embargo, coinciden también que el publicar fotos entra en lo que se llaman “riesgos necesarios” o inevitables, ya que las imágenes son claves para la interacción entre los internautas.

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