HAITIANO ESPERANZADO Y FELIZ POR TRAER A SU FAMILA LUEGO DEL SISMO

Es que Stanley trajo a su esposa Tassiana de 21, a su hijita Gael de tres años y a sus tres hermanos, Linz de 18, Wend de 17 y Carla de 16, sin otro pasaporte que un salvoconducto para ingresar a la Argentina.
Stanley llegó junto a su familia el pasado martes 26 de enero, a bordo del Hércules que trajo a integrantes de Cascos Blancos y Azules, a la perra Lola que salvó a varias personas en el devastado país, a su entrenador y los restos de un militar uruguayo.
El hombre y su familia llegaron ese día muy serios con cara de susto y cansancio, después de dejar atrás su casa, sus parientes y un futuro en su propio idioma.
En el Aeroparque los esperaba el cónsul haitiano, Jean Augustave, quien tras controlar con un agente de migraciones los papeles de la familia los trasladó hasta una casa en Parque Chas -provista por compañeros de trabajo del joven haitiano- y lo despidió con un “tiene suerte Stanley”.
Con esas palabras, el diplomático antillano se refería a la solidaridad de los argentinos que ante la magnitud del desastre en Haití ayudaron a Stanley a que pudiera subir al Hércules, retornara con su familia y lograra tener ahora una casa, alimentos, ropa y colchones.
El joven haitiano, de 24 años que habla un fluído español, inglés, francés y creole, había llegado a la Argentina en abril del 2009 con un contrato de trabajo por dos años para desempeñarse como barman, pero ese proyecto sólo estuvo vigente tres meses.
Luego comenzó a trabajar en un laboratorio de remedios oncológicos, por lo que pasó de camarero a realizar tareas de mantenimiento, mientras forjaba relaciones personales que se pusieron a prueba el 12 de enero pasado cuando un terremoto escala 7,3 lo devolvió a Puerto Príncipe.
“Viajé desesperadamente a buscar a mi familia pensando que yo sólo podría existir después de verlos. Cuando llegué a mi casa destruída y no escuché la voz de nadie estaba como en el aire

hasta que vino un primo mío y me dijo `tranquilizate, todos están con vida´”, recuerda ahora sentado en la casa de Parque Chas.
Sus hermanos jóvenes, atléticos, lo escuchan en silencio aún cuando no comprendan el idioma por eso es que de a ratos se meten en un libro de castellano que alguien les acercó.
Se nota que no salieron del shock, todavía están silenciosos y serios, aunque contestan en forma cortés las preguntas que se les  formula en francés.
“Esto es como un sueño para nosotros”, dice Wend de 17 años buen jugador de futbol y basquet, quien quiere ser ingeniero mientras Linz, también amante de los deportes, se propone ser

médico.
Durante la entrevista, Raúl, un compañero del laboratorio en el que trabajaba Stanley, golpea la puerta de la calle Burela, cargado con alimentos y bebidas para la familia haitiana.
“Queremos que Stanley esté lo más cómodo posible, ojalá otros se contagien de lo que hacemos” afirmó Raúl al destacar que junto a otros trabajadores abrieron una cuenta en el Banco Francés CBU 017.001694 000000 4349 303, para ayudar en estos primeros tiempos de adaptación en el país.
“Estamos contentos con el cambio, con la nueva vida. Para mí ahora lo más importante es hallar la forma de apoyarlos a ellos. Ojalá resolvamos pronto los papeles así mis hermanos pueden estudiar”, dijo esperanzado Stanley.

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