La inseguridad en Lanús vuelve a ubicarse en el centro de la escena. En distintos barrios del distrito, los vecinos coinciden en un mismo diagnóstico: la presencia de motochorros es constante, impredecible y a toda hora del día. Arrebatos veloces, entraderas y robos violentos se repiten en esquinas concurridas, zonas comerciales y hasta frente a escuelas.
Mientras algunos hechos logran viralizarse en redes sociales, muchos otros quedan en el silencio de un expediente o, directamente, sin denuncia. La sensación de vulnerabilidad se multiplica y, con ella, el reclamo por respuestas concretas.
Políticas de seguridad que no terminan de sentirse
Desde el municipio y otros niveles del Estado se anuncian operativos, refuerzos de patrullaje y nuevas herramientas tecnológicas. Sin embargo, la percepción ciudadana no acompaña esos anuncios. Para gran parte de los vecinos, las medidas son esporádicas, poco visibles o no alcanzan para frenar la dinámica del delito, que parece adaptarse rápidamente.
La falta de presencia policial sostenida, la escasez de controles sobre motos sin patente y la ausencia de patrullaje en horarios críticos son algunos de los puntos que más se cuestionan. A esto se suma la sensación de que, aun cuando se detiene a un delincuente, la respuesta judicial es insuficiente y rápidamente vuelve a las calles.

