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MÁXIMO SE BAJA, KICILLOF SUBE: ¿TREGUA REAL O JUGADA TÁCTICA EN EL PJ BONAERENSE?

El paso al costado de Máximo Kirchner abre una nueva etapa en el peronismo provincial. Entre el alivio de los intendentes y la desconfianza del entorno del Gobernador, se define el futuro de la oposición al gobierno nacional.
La política bonaerense suele ser un tablero de ajedrez donde los movimientos se miden en años, no en días. Sin embargo, la decisión de Máximo Kirchner de declinar su reelección al frente del PJ Bonaerense y proponer a Axel Kicillof como su sucesor ha acelerado todos los relojes.
El «operativo clamor» invertido
A diferencia de otras ocasiones, no hubo una presión externa la que eyectó al líder de La Cámpora, sino una lectura pragmática del daño colateral. Con una imagen castigada por la interna y la necesidad de blindar la gestión provincial ante los recortes nacionales, Kirchner optó por «entregar la llave» del partido para evitar una derrota en las urnas o una fractura irreversible.
Para el kirchnerismo duro, es una forma de obligar a Kicillof a gestionar la interna de los barones del conurbano, un terreno siempre pantanoso.
Los Intendentes: entre el alivio y la expectativa
En los municipios del Gran Buenos Aires, la noticia fue recibida con un optimismo cauteloso. Los jefes comunales, que venían pidiendo «oxigenación» en la conducción, ven en Kicillof una figura con mayor capacidad de aglutinar al peronismo no camporista.
  • El Grupo Esmeralda y los históricos: Ven una oportunidad para recuperar peso en las decisiones estratégicas y en el reparto de fondos para obras.
  • La Cámpora: Mantendrá puestos clave en la estructura, pero cede la vidriera principal.
El camino al 15 de marzo
El calendario no da tregua. Según el cronograma del PJ Bonaerense, el 8 de febrero es el día D para presentar la lista de unidad. Si Kicillof acepta —cosa que su entorno analiza con lupa para evitar «encerronas»—, la elección del 15 de marzo será una formalidad para coronar su liderazgo de cara a 2027.
Sin embargo, en la mesa chica de la Gobernación persiste una duda: ¿Es una tregua genuina o una forma de trasladarle a Axel el costo de la lapicera en un año de crisis?

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