Como dice la canción infantil, los jueces “que sepan abrir la puerta para ir a jugar”, ya comenzaron a hacer efectiva la recomendación de Casación.
¿Serán tres mil? ¿Cinco mil? ¿Cuántos miles de delincuentes estarán liberados y sin controles, sumándose a los cientos que todos los días continúan asolando a los trabajadores honestos que casi no pueden trabajar? ¿Cómo harán las fuerzas policiales para actuar contra los delincuentes en estos meses de crisis? ¿Los ciudadanos le pedirán cuentas a los jueces que liberen asesinos, violadores, ladrones, abusadores de niños, delincuentes de guante blanco?
Mientras en Lanús los agentes de la fuerza policial se dedican a cuidar las filas de los bancos para que los ancianos no se amontonen, los robos continúan. Cambiaron su fisonomía y el barbijo ayuda a ello: ya no necesitan taparse la cara con un pañuelo: el coronavirus se la hace fácil. Se suma al necesario uso del casco para los moteros. O sea que la inversión en cámaras se fue por el inodoro.
Los vecinos se quejan porque dicen que no hay patrullaje en los barrios. Así como reclaman la limpieza y las medidas contra el dengue, aguardan que la policía vuelva a pasar para control de la ciudad y sus puntos calientes, tradicionales y nuevos.
Entonces las preguntas que surgen tienen que ver con liberar a la policía de cuidar aglomeraciones y devolverlos a su función. Porque hay en el municipio secretarios, subsecretarios, directores generales, directores, coordinadores y asesores en buena cantidad, que bien podrían estar cuidando a los grupos de riesgo que se amontonan frente a bancos o mercados y farmacias con mucha afluencia de público. Hay 24 concejales que podrían colaborar, con excepción de los de riesgo. ¿Habrá tantos que pertenezcan a este sector, teniendo en cuenta el homenaje a la juventud que se ha hecho en los cargos políticos?
El vecino necesita que la policía vuelva al patrullaje, a los barrios, a los lugares peligrosos. El vecino necesita que persigan a los delincuentes que, sin ninguna duda, en libertad, volverán a sus tropelías.
Marta Santos

