Hace cincuenta años, en las escuelas, era obligatorio escribir con la mano derecha. Con tal fin se aplicaban distintos métodos. Podríamos nombrar por ejemplo a pegarles en la mano izquierda, si esta era usada para escribir o atárselas al cuerpo para evitar su uso.
Medio siglo después los zurdos no pasan por ese calvario. Si me basara solo en eso podría decir que nos bajamos de la palmera. Pero no es cierto. No solo seguimos en la palmera, sino que estamos afianzados y aprovisionados de cocos para arrojarle a quien ose intentar bajarnos.
Dentro de la declaración de los derechos del niño se establece que todo niño tiene derecho a una educación en igualdad de oportunidades. Aparentemente para las escuelas ese derecho no aplica a chicos con dislexia u otras DEAS.
Tanto es así que fue necesario que asociaciones formadas por padres y profesionales tuvieran que reclamar una ley que ampare los derechos de esos niños. La ley se hizo y un aire de esperanza nos llenó los pulmones.
Lamentablemente la ley tampoco logro frenar la discriminación que sufren los chicos por parte de las autoridades escolares.
Se pensó en replicar esa ley en forma provincial. Buenos aires, por ejemplo, ya lo hizo. Quizás la ley nacional y la declaración de los derechos del niño no fuesen suficientes.
Honestamente antes de inflarme nuevamente de esperanza preferí ver qué pasaba ahora. Nada. Parece que hay hábitos que son difíciles de erradicar.
¿Qué se necesita para que vean el daño de sus actos hacia los niños?
Ya es suficiente de pegarles en su autoestima aplastando su desarrollo. Atándolos al fracaso haciéndoles sentir que no sirven.
¿Qué futuro nos espera si las escuelas predican con el ejemplo de que las leyes son optativas?
Pd: pude hacer lo antes expuesto dictándole a mi teléfono sin la necesidad de escribir una palabra.
Gustavo Crovella
crovellagus@gmail.com
co-fundador y responsable de relaciones institucionales de Dislexia Sur
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