VECINOS Y TURISTAS TUVIERON SOLO 25 MINUTOS PARA PONERSE A SALVO

 «Tuvimos que correr para salvar la vida», señaló la joven Ngutu, horas después de que el fuerte terremoto y un tsunami de cinco olas devastaron las islas del archipiélago.
Muchos lo consiguieron, pero hasta ahora se estima que más de 120 personas murieron en el archipiélago como consecuencia de la catástrofe natural.
La destrucción es inmensa a lo largo de la costa sur de Upolu, la principal isla de Samoa y en buena parte de la vecina Samoa Estadounidense, fuertemente sacudida por el sismo.
«En la costa sur no queda nada», señaló consternada la presidenta de la asociación de hoteleros de Samoa, Nynette Sass, a la radio neozelandesa, citada por la agencia DPA.
«Todo está destruido, todo», dijo Graeme Ansell, un ciudadano de Nueva Zelanda, sobre el complejo turístico Sau Sau Beach.
«Todo fue demasiado rápido, no hay ni un edificio en pie. Tuvimos que salir corriendo hacia las colinas», agregó.
La hermana de Ngutu, Barcelona, describió a un canal australiano la vista desoladora de su pueblo después de su regreso.
«No hay ni una casa en buenas condiciones», dijo y detalló que «los tejados fueron arrancados en dirección al mar, los autos están volcados y hay muebles tirados en la calle. Delante de la costa flotan tejados y otras cosas en el mar».
Maria Huch, una reportera radial, emprendió el viaje de 80 kilómetros desde la capital de Samoa, Apia, hasta la costa sur.
La periodista informó a DPA que había cadáveres en los charcos de barro y en las colinas y agregó que «la mayoría de muertos son niños y personas mayores; los que no pudieron ponerse a salvo tan rápido».
Aún no se sabía con certeza cuántos turistas se encontraban en los complejos turísticos de la región, ni cuántos han desaparecido.
«Los turistas fueron puestos a salvo con el pijama puesto, sin pasaportes, dinero u otros documentos», señaló también un policía de Apia en la radio.
«Otras personas intentaron huir en sus autos y las olas los arrastraron con todo y sus vehículos», informó Palanitina Toelupa, directora administrativa del Ministerio de Salud de Samoa. «Es desolador».
El hotel Seabreeze, en la bahía, está destruido y su propietaria, Wendy Booth, pudo ponerse a salvo en último minuto.
«La segunda ola entró a través del suelo», contó y detalló que «el agua corría hacia la puerta de atrás y nos arrastró», agregó a la emisora australiana Fairfax Radio, a la que relató que «nos sujetamos de unas barandas, mi esposo y yo nos abrazamos. La fuerza del agua en dirección al mar era inmensa. El tejado de nuestro local se desplomó».
Una embarcación de la guardia costera buscaba hoy a posibles supervivientes en el mar y al menos un barco pesquero ha sido reportado como desaparecido.
Samoa, una antigua colonia alemana, se ha promocionado como la «joya del Pacífico sur» y se ha convertido en un destino atractivo sobre todo para turistas de Australia y Nueva Zelanda en los últimos años.
En esos países hay en este momento también vacaciones escolares, por lo que muchas familias habían viajado a Samoa.

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