A 407 km. de Santa Fe capital, está Villa Ocampo, localidad histórica; base de recorrido entre riachos, lagunas, islotes y bosques.
Los tiempos más promisorios de Villa Ocampo quedaron anclados entre fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX, cuando esta localidad del extremo noreste de la provincia de Santa Fe se había transformado en una de las colonias rurales más progresistas del país, impulsada por la gesta pionera de los primeros inmigrantes suizos y franceses, a los que, en los alrededores, más tarde se sumaron judíos y árabes. Ahora, en cambio, es el tiempo de disfrutar del magnífico entorno natural pergeñado por el Paraná.
El río amarronado determina la suerte de los pescadores deportivos, que buscan el mejor sitio en el laberinto de los riachos, lagunas, pantanos, islotes y bosques ribereños para alzarse con generosos ejemplares de dorado, surubí, manduvé, amarillo y moncholo.
El gigantesco humedal de 492 mil hectáreas –bautizado Jaaukani-gás para recordar a los originarios pobladores abipones y declarado “Sitio Ramsar de importancia internacional”- atrae especialmente a turistas y científicos, deslumbrados por el impactante universo virgen desplegado ante sus ojos.
La reserva natural es el resguardo de portentosos ejemplares de quebracho colorado, guayacán, mistol, algarrobo negro y timbó, aguará guazú, lobito de río, oso mielero, reptiles (suelen mostrarse yacarés y lagartos), 300 variedades de aves y más de 240 especies ictícolas.
Como para tomarle mejor el pulso a la propuesta de ecoturismo, hisoria y gastronomía regional que sugiere Villa Ocampo, conviene extender la excursión a la ruta del Tanino, los vestigios de las misiones franciscanas y los museos Histórico y Agricola.