El intendente de Lanús, Julián Álvarez, enfrenta el cierre de su primer año de gestión con un balance negativo, según coinciden vecinos y analistas locales. Los problemas de inseguridad, calles en mal estado y un enfrentamiento abierto con el gobernador Axel Kicillof han marcado su administración.
Inseguridad en aumento
A pesar de las promesas de reforzar la seguridad en el distrito, los casos de delitos y violencia han aumentado. Aunque se implementaron más operativos y se sumaron patrullajes, los resultados no han logrado revertir la percepción de los vecinos, quienes señalan que «vivir en Lanús sigue siendo peligroso».
Infraestructura en crisis
El estado de las calles es otra de las principales críticas hacia la gestión de Álvarez. Numerosas arterias principales y secundarias presentan baches y falta de mantenimiento, lo que genera problemas de tránsito y quejas constantes de los automovilistas. Los trabajos de pavimentación y reparación han sido escasos y lentos, dejando amplias zonas del distrito en condiciones precarias.
Tensiones con la provincia
El conflicto con el gobernador Axel Kicillof también ha sido un tema recurrente. Álvarez criticó la falta de apoyo financiero por parte de la provincia, señalando que los recursos prometidos no se han cumplido. «Los vecinos de Lanús también son bonaerenses», declaró recientemente en un discurso, marcando distancia con la gestión provincial.
Un futuro incierto
Con un balance marcado por problemas estructurales y políticos, el desafío para Julián Álvarez será revertir la situación en el próximo año, intentando ganarse la confianza de los vecinos y logrando resultados concretos en los temas que más afectan a Lanús.