| Sábado 25.07.2026

DOCUMENTO EXCLUSIVO: A 32 años de la Masacre de Fátima

El 18 de agosto, son seleccionados 30 de los detenidos que se hallaban en Seguridad Federal (20 hombres y 10 mujeres) se los drogó y condujo al playón de estacionamiento donde fueron arrojados como si fueran bolsas de papas sobre un camión militar. Durante ese día la superintendencia tuvo numerosas visitas: el Ministro del Interior, Gral. Albano Harguindeguy, el Gral. Ojeda, nuevo jefe de la Policía Federal (relevante del legalista Corbetta), los Jefes de los pisos operativos y gran parte de los componentes de los GTO (Grupos de Tareas). Estos últimos, jefes  y grupos de tareas lo hicieron hasta las primeras horas de la madrugada. 

La tétrica caravana compuesta por el camión que trasladaba a los detenidos iy cinco o seis autos de custodia enfilaron hacia la localidad de Fátima, en Pilar. Allí, helicopteros del ejército sobrevolaban la zona, mientras vehículos y soldados cortaban la ruta. Todo estaba preparado para la masacre.  

A la altura del kilómetro 62 de la ruta 8, en un camino de tierra, los vehículos detuvieron la marcha,  “bajaron a los moribundos, les dispararon un tiro a quemarropa y los apilaron sobre una carga de dinamita. A las 4.30 la explosión hizo temblar Fátima. El sumario policial detalló que tenían las manos atadas por la espalda y los ojos tapados con cinta adhesiva”. Las treinta personas presentaban sus cráneos “explotados y multifragmentados” por balazos producidos a menos de un metro de distancia antes de que sus cadáveres fueran dinamitados en una explosión que esparció los cadáveres en un radio de 30 metros 

Entre los restos se encontró una tarjeta que decía “30 x 1”, que hacía recordar las macabras técnicas nazis (por cada soldado alemán muerto, seleccionaban 30 pobladores del lugar, a quienes les hacían cavar sus propias fosas antes de ejecutarlos) para doblegar la resistencia de las poblaciones europeas. 

Pero ¿por qué Fátima fue el lugar elegido para la matanza? ¿Por qué un sitio tan alejado del lugar donde las víctimas estuvieron prisioneras?  

Algunos afirman que la razón era que en Mercedes, donde queda la localidad de Fátima, en esos momentos había una base militar, el Regimiento 6 de Infantería de Mercedes, que fue desactivada en 1992.  

La Policía Federal tenía allí una de sus tantas delegaciones, que dependen de la Dirección del Interior …de la Superintendencia de Seguridad Federal.  

Otros mencionan que la elección se dirigió a Mercedes porque allí vivieron y fueron enterrados dos de los palotinos que fueron asesinados en la Parroquia de San Patricio en cuyas paredes fue escrita la frase : “Por los camaradas dinamitados de Seguridad Federal…”.

Dos de esos monjes habían ejercido en la iglesia mercedina donde comulgaba Videla. 

 

Algunos mencionan que los sacerdotes en razón de ese contacto religioso, habían conocido el secreto mejor guardado de la familia Videla, la existencia de un hijo oculto, diagnosticado como “oligofrénico profundo y epiléptico”, que fuera internado desde  pequeño en la Colonia Montes de Oca de Torres, llamada la “Casa de los Locos”, vivió  durante años en el pabellón 7 y murió en la Colonia.  

Y como una gran ironía, un dato aparecido en el libro El dictador, una biografía de Videla escrita por María Seoane y Vicente Muleiro, daba una terrible vuelta de tuerca más sobre el genocidio argentino: Léonie Duquet y su compañera Alice Domon las monjas francesas secuestradas y asesinadas por la dictadura militar, no sólo eran conocidas de la familia Videla, sino que cuidaron a Alejandro, el tercer hijo con problemas de Videla.  

¿Qué fue lo que llevó a los genocidas a elegir como primer objetivo para masacrar por el atentado a Seguridad Federal a los monjes palotinos y luego a las monjas francesas?, ¿su actividad social altamente esclarecedora o el secreto que ellos y sus congregaciones guardaban del novel y desconocido dictador?.  

Secreto que develado hubiera destrozado su imagen de hombre de honor y altamente religioso. Puede sonar improbable que el militar moderado, apoyado por un gran sector de la sociedad, hubiera tomado alguna medida al respecto. ¿Improbable? En la nota “El hijo escondido de Videla” realizada por el periodista Miguel Bonasso, se menciona  el caso del suboficial mayor Santiago Sabino Cañas que se retiró del Ejército y trabajó en el Instituto Montes de Oca. Él también se enteró del secreto de Videla y guardó silencio. Era radical, pero “toda su familia era peronista y muy activa. Su primera mujer, María Angélica Blanca, era un referente del Partido Peronista Auténtico y sus hijos militaban en la UES y en la JP que respondía a la conducción de Montoneros”. 

El 15 de abril de 1977, su hija María Angélica, de 20 años, era secuestrada en las calles de la Plata por fuerzas militares. Desesperado al ver que su hija no aparecía le envió una carta a Videla, “donde podía leerse un párrafo muy extraño: ‘Mi General, apelo a sus sentimientos humanos y cristianos y en memoria de ese hijo suyo que tenía internado en la Colonia Montes de Oca de Torres, para que me dé una información sobre el paradero de mi hija Angélica’ ”, ya era tarde, después de la carta el ejército se lanzó sobre su familia, “le secuestraron dos hijos más y le asesinaron a su mujer y otra hija”.  

Fue acaso la bomba en Seguridad Federal, la excusa que sirvió a Videla para inclinar la balanza en contra del legalista Gral. Corbetta y darle luz verde a los carniceros de la Superintendencia y aprovechar sus ansias de sangre para provecho propio.

El Juicio

32 años después, a comienzos del 2008 dio comienzo el juicio por la Masacre de Fátima a cargo del Tribunal Oral Federal Nº 5 (TOF 5). Una medida adoptada por el Tribunal limitaba fuertemente el alcance del concepto de oral y público del juicio al prohibir el ingreso a las audiencias de los medios audiovisuales y de determinadas simbologías, el uso de los pañuelos blancos de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, resultó para muchos una medida sumamente irritante e innecesaria.

El abogado Ricardo Dios, integrante de la Defensoría del Pueblo de la ciudad de Buenos Aires, señalaba en una nota periodística que “la asistencia del público a los juicios penales es una exigencia en un régimen democrático para proteger los derechos y las garantías del imputado y, a su vez, para realizar un control ciudadano de la actuación de los funcionarios públicos que intervienen en el procedimiento penal” pero aclaraba que lo público no significaba la  presencia del público durante las audiencias, sino también lo que se publicita de las audiencias y se hace público. Y daba a la presencia de la televisión una influencia transformadora sobre el debate, agregando muy certeramente “Estos juicios, por su relevancia histórica, deben hacerse juntamente con la sociedad toda”,”(…) las caras y los dichos de los genocidas deben ser expuestos, porque la sociedad tiene ese derecho. Y los genocidas también”.

Los tribunales de Corrientes y Tucumán que juzgaron a los responsables de la represión en esas provincias permitieron la televisación y la gente no sólo pudo escuchar las encendidas reivindicaciones de la “guerra antisubversiva” de parte de Antonio Bussi y Luciano Benjamin Menendez, sino que pudieron ver sus puños crispados, las lágrimas en los ojos de Bussi y la supuesta gravedad su salud. Y también, agregaba Ricardo Dios, gracias a que había televisión, se pudo ver la cara desencajada, los gestos de deguello y escuchar las amenazas de muerte que la procesista Cecilia Pando dirigió al secretario de Derechos Humanos Eduardo Duhalde y a los integrantes del Tribunal.

También destacaba la interpretación restrictiva del TOF 5 sobre la simbología prohibida. “La normativa que regula el comportamiento del público en las audiencias es similar en la ciudad de Buenos Aires que en la provincia de Córdoba en sus respectivos códigos procesales penales (art. 369 en el primer caso y art. 378 en el segundo). Sin embargo, las decisiones de los Tribunales que juzgaron casos de las mismas características fueron diametralmente opuesta”. “En la sala de audiencias del TOF 5 las Madres de Plaza de Mayo, por ejemplo, no pueden entrar con su pañuelo blanco en la cabeza (porque representa una opinión, una parcialidad)”, De acuerdo a esos “estos términos restrictivos, de igual modo, no debería aceptarse un policía de uniforme en la sala cuando esa fuerza participó en el secuestro y desaparición de los hijos de las Madres con pañuelos. Entonces: ¿Qué es lo provocativo, lo intimidatorio o lo parcial?”.

Otro periodista Ricardo Canaletti, refiriéndose al caso del padre Grassi, hacia una justa apreciación sobre la realizació de los juicios: “el juicio debe ser oral y público siempre” a pesar de las restricciones que puedan aparecer en los casos de “ delitos sexuales o cuando hay chicos involucrados. Pero si yo lo cierro completamente al juicio lo convierto en un juicio medieval, lo convierto en un juicio con capucha”.

En definitiva los habitantes de la ciudad de Buenos Aires, pudieron ver todo lo que sucedía en los juicios realizados en las provincias de Córdoba, Corrientes y Tucumán y fueron prohibidos de conocer los rostros de los acusados de la Masacre de Fátima, que tenían sus cárceles clandestinas, algunos de ellos verdaderos campos de concentración, en plena Capital Federal y una de las más importantes, secreta y tenebrosa a menos de 10 cuadras del obelisco, a 1 cuadra del Departamento Central de la Policía Federal: la superintendencia de Seguridad Federal. Cueva por la cual pasaron los mas sangrientos represores de la dictadura.

 

El Fallo

Finalmente el martillo de la Justicia cayó sobre Gallone y Lapuyol con sendas prisiones perpetuas. El reo Timarchi, por las dudas, fue absuelto (nos referimos a las dudas que deben resultar a favor del reo conforme al aforismo latino: “in dubio pro reo”).  

Los abogados defensores de Timarchi festejaron su absolución, saltando como quienes festejan un gol, gritando “¡Vamos todavía!”, lo que impulsó a los jueces a denunciarlos ante el Colegio Público de Abogados por considerar el festejo como una “falta de respeto” hacia el tribunal y a los familiares de las víctimas.

 

Epilogo 

 Así como la frase que pronunció el fiscal Strassera en su alegato final del Juicio a las  Juntas Militares, el  “Nunca Más”, se hizo carne en los familiares de las víctimas de la represión y en el cuerpo social, hoy la frase que otros argentinos desplegaron como una consigna y emblema luego que sufrieran el mayor atentado terrorista de la historia de la Argentina, que destruyó el edificio de la AMIA (Asociación Mutual Israelita Argentina), "Justicia, justicia perseguirás", golpea con fuerza en la sociedad y junto con el Nunca Más, son ya propiedad de todo el pueblo  para luchar por su Memoria.  

Mientras tanto los familiares y amigos de las víctimas lamen las heridas que el fallo les ha abierto, para curarse y estar listos para continuar su lucha interminable.  

 

N de R:

-Se tomaron partes del documento sólo para no extenderse, y así facilitar su lectura.

 



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