La economía argentina ya ha dejado de crecer al ritmo vertiginoso de los últimos cinco años y empieza a entrar en una especie de amesetamiento que preocupa a las autoridades económicas nacionales. El “veranito” económico que estaba viviendo nuestro país parece estar muy lejano de la realidad que vive la mayoría del pueblo argentino, a la cual el crecimiento de estos últimos años no les llegó a la vida diaria.
Los indicadores económicos dados a conocer en los últimos días, más que a ser optimistas, nos tientan a ser pesimistas, ya que los principales bonos de la deuda pública argentina cerraron con fuertes caídas en medio de un clima de desconfianza sobre el futuro de la economía que disparó temores sobre el financiamiento que logrará captar el país el año próximo.
El tema del financiamiento es algo que preocupa y mucho en el exterior, y es que la Argentina no puede conseguir créditos en el mundo, y sacando a Venezuela que anunció una compra de bonos por 1.000 millones de dólares y que la tasa resultante de esa operación sería de casi el 16% anual, la Argentina no consigue créditos para la financiación de su economía, lo que la pone al límite de un colapso y por la que los extranjeros están evitando a la Argentina a la hora de invertir, y pasan a Uruguay, Brasil o Chile, que son países que tienen una mayo r previsibilidad desde lo económico.
Esto muestra que la Argentina es incapaz de conseguir crédito en el mercado externo, sobre todo por la poca fe que despierta la política que se viene desarrollando en los últimos años, y porque ven que hoy, más que nunca, la economía depende de lo que pase con la política, un dato que genera mucha incertidumbre en los mercados internacionales. Otros países de la región, menos poderosos que la Argentina, han logrado tener crédito a la mitad de lo que lo obtuvo la Argentina con la Venezuela chavista, caso Uruguay y Perú, y al revés de nuestro país, tienen las puertas del mercado financiero abiertas.
El estar tan pegados desde lo político y lo económico al régimen del bolivariano Hugo Chávez, ha hecho que la Argentina haya perdido mucha confianza en el exterior, y crean que la Argentina pasa también por los vaivenes emocionales de los dirigentes, tal como pasa en el país caribeño con Chávez, donde el humor del presidente venezolano marca muchas veces las políticas de estado que se van a seguir, y las últimas actitudes de la presidenta Cristina Fernández y del ex presidente Néstor Kirchner, no han ayudado a que esa imagen sea revertida.
En el 2009 la Argentina precisa financiamiento que ronde los 12.000 millones de dólares, el doble de lo que ocurrió este año, y por ahora el financiamiento no existe, lo que hace peligrar en demasía las arcas nacionales y el riesgo de un estampido empieza a sonar con fuerza según presagian algunos analistas económicos en la city porteña.
La inflación asola a la mayoría del pueblo argentino, que ve que son risibles y totalmente inexactas las mediciones que da a conocer el gobierno a través del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), y que la versión real de la inflación está más cerca de lo que dicen las consultoras privadas que hablan de una inflación que ronda entre el 20 y el 30 por ciento, y no el 10 por ciento como dice el gobierno nacional.
El miércoles passado, desde la Unión Industrial Argentina (UIA), le pidieron al gobierno sincerar el cuestionado índice de inflación que creen está muy por debajo del costo de vida real, sumando su voz a la de otros sectores económicos, lo que debilita la alianza empresarial con la presidenta Cristina Kirchner. Los industriales salieron a la palestra a cuestionar ahora la creciente alza de precios, que infla sus costos y les genera una pérdida de rentabilidad a pesar del valor del dólar, rompiendo una alianza estratégica que el gobierno había mantenido a lo largo de los últimos cinco años.
La actividad económica se ha estancado, y el conflicto con el sector rural trajo aparejado un fuerte debilitamiento de las economías regionales, con pérdidas de fuentes de trabajo y una caída en el consumo, que todavía no ha podido volver a la normalidad, a pesar de haber pasado tres semanas del voto negativo del vicepresidente Julio Cobos que tiró abajo el proyecto oficial sobre retenciones móviles.
El riesgo país superó la barrera de los 700 puntos, algo que no ocurría desde el año 2005, y sobrepasó la barrera de los 600 puntos que había sido superada en abril de este año, quedó atrás y la Standad & Poor´s ha puesto a la Argentina una revisión negativa en la calificación de la deuda, algo que los analis tas del exterior ven con muy malos ojos, porque sería entrar en una pendiente negativa de la cual es muy difícil salir. Además, la permanencia de Guillermo Moreno al frente de la Secretaría de Comercio Interior, ocupando un lugar preponderante en el gobierno nacional, en vez de traer tranquilidad a los mercados, lo único que acarrea es más nerviosismo y mayor incerteza hacia el futuro para los mercados.
Estos indicadores que el mundo da de la Argentina, hace que los inversores pasen de largo, que no vengan capitales, y que en nuestro país la propia gente se empiece a hacer preguntas sobre la verdadera situación económica que se está viviendo y se empiece por ejemplo a sacar los depósitos de la Argentina, algo que en el último año ha llegado a la f riolera cifra de más de 20.000 millones de dólares, superando incluso a la época del gobierno de la Alianza, que llevó al ex ministro de Economía Domingo Cavallo a instalar el corralito, que terminó significando la caída del gobierno de Fernando de la Rúa el 20 de diciembre del 2001.
La desaceleración económica va en aumento y esto trae consigo una pérdida de confianza a nivel interno y externo, y muchos se preguntan si la Argentina tiene ministro de Economía, ya que todavía no conocen la voz del ministro y no lo han oído hablar públicamente sobre las medidas que se tomarán para revertir esta situación, y piensan que la Argentina no tienen ministro de economía, sino que quien comanda la cartera de Hacienda es la presidenta, que podrá saber mucho d e política, pero que de economía no entiende nada.
El gobierno tiene en sus manos las herramientas para sacar al país del estancamiento económico en el que se encuentra inmerso en la actualidad, pero si en vez de abrirse al mundo y de mantener relaciones con los países más estables y serios del planeta, se sigue en una relación política y económica con países que no tienen la aprobación mundial como la Venezuela de Hugo Chávez, la Argentina no podrá salir del letargo en el que parece haberse sumergido y la situación con el correr del tiempo será cada vez más difícil de poder levantar, y los principales perjudicados serán los más de 40.000.000 de argentinos que esperan soluciones concretas para la situación que vive el país.
(Fuente: Agencia CNA )