En una jornada que redefine el mapa de poder en la Provincia de Buenos Aires, el intendente de Lanús, Julián Álvarez, fue uno de los primeros en marcar la cancha política tras confirmarse que Axel Kicillof asume la presidencia del PJ Bonaerense. Lejos de ser un simple saludo protocolar, el mensaje del jefe comunal de Lanús funciona como un manifiesto de lealtad y una advertencia sobre quiénes retienen el control estratégico del partido.
El «renunciamiento» como bandera
El tuit de Álvarez busca transformar lo que muchos leen como un retroceso de Máximo Kirchner en un acto de heroísmo político. Al afirmar que el diputado nacional «demostró una vez más que solo construyen historia quienes anteponen los intereses colectivos a los personales», el intendente de Lanús intenta blindar la figura del hijo de la ex Presidenta ante las críticas internas.
En el entorno de Álvarez, la salida de Máximo de la presidencia del PJ no se lee como una derrota frente al «Kicillofismo», sino como una concesión estratégica para evitar la fractura total.
EL POSTEO EN X DE JULIAN ALVAREZ
«Siempre con el compromiso de trabajar por la unión del peronismo, Máximo demostró una vez más que solo construyen historia quienes anteponen los intereses colectivos a los personales. Como militante, desde el lugar que le toque ocupar, asume una vez más la responsabilidad de contribuir al fortalecimiento de nuestro espacio político, con un único objetivo: seguir trabajando para transformar la vida de cada argentino y argentina».